Piso nuevo… vida nueva

Qué bien sienta tener piso nuevo, no es que me haya independizado o que mis padres les haya tocado el gordo de la lotería y puedan permitirse una nueva hipoteca (porque obviamente hace falta una herencia de una tía rica, la lotería o robar un banco para hacer frente al precio de una vivienda), no, simplemente mis padres han aprovechado algo de dinero ahorrado, la devolución de Hacienda y la paga extra de verano para renovar la mayoría del mobiliario de nuestro hogar.

Mi madre quería renovar desde hace tiempo los dormitorios, ya que mi hermano chico de 2 añitos sólo tiene su cuna, y ningún cuarto dedicado. La primera habitación en caer fue la de mis padres el verano pasado, con una nueva cama de 2×2 metros y un enorme ropero empotrado de más de tres metros de largo y 2 y pico de alto, pero ahora nos ha tocado el turno a mi hermana y a mi.

De mi antigua habitación sólo conservo mi escritorio de dos metros y medio con su repisa, el sillón con masaje, mi guardarropa y mi estantería de madera y cristal para CD y DVD, lo demás es todo nuevo: dos camas con sábanas y colchas nuevas, tres repisas y cortinas a juego hacen que mis poco más de 24 metros cuadrados de habitación no se parezcan en casi nada a lo que tenía antes. Hay muchos cacharros y cosas antiguas de las que he tenido que deshacerme, prehistóricos juegos de mesa y puzzles, chatarra electrónica acumulada, CDs inservibles, cajas de antiguas compras (esas que dejas para por si se estropea y debes descambiarlo), balones de fútbol y baloncesto pinchados, etc. Al final compramos un nuevo dormitorio para que quepan las cosas y resulta que nos sobra espacio porque hemos tirado más de la mitad.

También la habitación de mi hermana es nueva, a ella sólo le ha quedado su pequeño escritorio y sillón y el armario. Ahora tiene dos camas parecidas a las mías pero más pequeñas, otro guardarropas y nuevas repisas.

Igualmente han sufrido renovaciones la cocina y los baños. En la cocina tenemos electrodomésticos nuevos y una bonita mesa de aluminio y cristal con sillas a juego. Y en los baños mamparas de ducha, las que teníamos estaban antiquísimas y rotas.

Es fácil ver los puntos positivos de estos cambios, aires nuevos, mi espacio vital mucho más confortable, el olor a muebles nuevos, a pintura y a limpieza… Pero los puntos negativos están ahí ocultos, tras las maderas.

Durante más de una semana mis padres se han pegado el panzón de mover muebles, pintar paredes y techos, limpiar todo rincón existente, tirar numerosas y enormes cajas de basura, desempaquetar maderas y montar los nuevos muebles… todo ello aguantando también a un niño pequeño que da bastante trabajo por sí solo. Yo he ayudado cuando he podido, pero trabajo y estudio, por lo que tengo tiempo limitado. Del cansancio surge el mal humor, discusiones y molestias absurdas, mosqueos estúpidos, palabras acaloradas y algún que otro “vete a tomar por culo”.

Por suerte en el fin de semana todos hemos descansado, la cosa está calmada y con todo terminado ahora podemos disfrutar de nuestro renovado hogar.

PD: lo que nunca entenderé será a la gente que se registran las cajas de tu basura y se llevan lo que les interesa, antiguallas y cosas rotas.

Dejar un comentario