Familia e Internet

La abuela en Internet

Para hablar de mi familia podría hacer un monólogo estilo Daniel Rovira narrando decenas de situaciones para recordar (taperwé, taperwé, taperwé, taperwé, taperwé…), pero nunca imaginé que podría intercalar la palabra “Internet” y “mis padres” junto con el verbo “usar” conjugado en una misma frase.

Ellos siempre han sido un poco tecnófobos, pero de distinta manera: mi madre es esa persona que se acerca a un ordenador sólo para quitarle el polvo y si por error lo enciende no duda en llamarte estés donde estés como si hubiera activado la cuenta atrás de una bomba nuclear. Sin embargo, a mi padre siempre le han llamado la atención los avances, gadgets y juguetitos propios de revista Muy Interesante. Pero en un viaje a Madrid pulsó accidentalmente un botón en la cámara digital que provocó la aparición del mensaje “No pictures” y le cogió miedo a todo cacharro con botones que no sea el mando a distancia de la TV.

Por ello si hace tres meses me hubiera aparecido el yo del futuro cercano diciéndome que vería a mis padres usar diariamente una PDA para navegar por la red le habría soltado un “¿y si te mato, qué pasa?“. Pero así es, mi padre pudo hacerse con una HTC de Vodafone con WiFi, Bluetooth y creo que hasta GPS y desde entonces se han aficionado a la búsqueda de recetas de cocina y noticias del motor en la red, ¡incluso utilizan Google Reader! Increíble.

Igualmente me llevé una sorpresa con una de mis tías, que si bien no es tecnófoba casi nunca ha tenido experiencia de primera mano con la informática. Hace unos dos meses ganó un ultraportátil en el concurso del 11822 de Telefónica, un HP Compaq bastante decente que incluía ranura para tarjetas SIM. Inmediatamente me preguntó por Internet… qué debía hacer, qué compañía debía contratar, tarifas, etc. Le propuse que en vez de limitarse a navegar en su casa con un ADSL convencional probara una tarifa plana de Internet móvil, por supuesto Simyo. A la semana ya tenía la tarjeta en sus manos y el portátil perenne en el bolso, conectándose cuando y dónde le apetece.

Y si nos ponemos en que una de mis primas ahora tiene un iPhone… ¡apaga y vámonos!

Está claro que la tecnología entra por todos lados cuando menos lo esperas, y lo hace para quedarse. Un geek como yo se llena de orgullo y satisfacción cuando ve a su familia introduciéndose poco a poco en este mundo.

Dejar un comentario