La sinceridad no es buena
Desde pequeños nos educan con los valores etiquetados de “buenos”: compañerismo, decencia, humildad, sinceridad… Están en los libros, en las moralejas de películas y series de televisión, en los murales que nos obligan a hacer nuestras profesoras de parvulario, en las campañas políticas de los payasos de la tele, en general en todos lados.
Hemos aceptado esos valores como nuestros e indispensables para una vida digna (con pequeños deslices pero indispensables igualmente), pero ¿es lo puramente correcto? Supuestamente valores como estos nos ayudan a conseguir la felicidad.
Voy a empezar a creer en el karma y en que hice algo muy malo en mi anterior vida, ya que cada vez que practico alguno de estos valores con buenas intenciones me sale el tiro por la culata. Sobre todo con la sinceridad.
Siendo sincero haces mejores amigos, sacas mejores notas, te llevas mejor con tus padres, eres más listo, te vuelves más fuerte, te crece la polla y demás cosas que nos venden como teletienda. Pues qué quieres que te diga, pero no veo esos resultados por ningún lado. Si una amiga te pregunta “Me hace gorda esta camisa a cuadros?”, le vas a contestar “No, te queda genial!” porque si le dices “Pareces una leñadora” te ganas un mosqueo de al menos una semana. Pensándolo bien da igual, se mosqueará de todas maneras cuando sus amigas le digan lo fea que es la camisa y te eche a ti las culpas de haberla comprado.

¡Por fin! Me ha costado 5 meses volver a conseguir trabajo. Parece ser que al comenzar la crisis y multiplicarse la bolsa de parados las empresas protegían sus valiosos puestos libres con ofertas de empleo que requerían de experiencia y estudios exageradamente elevados. Tranquilamente podían solicitar personas tituladas en el manejo de mercancías peligrosas para llevar cafés en una oficina (ojo, el café puede quemar).

¡¡Por fin, se acabó la mudanza a Wordpress!! Después de haber pensado durante meses dar el salto de 